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Como en cualquier otro tipo de parasitosis, conocer el ciclo biológico del parásito entrega las mejores condiciones para controlar su desarrollo, y aplicar en cada momento el mejor método para luchar con garantías de éxito (Llorente, 1995).

Varroa destructor afecta tanto a las crías, como a las abejas adultas. En éstas últimas, los ácaros se sitúan comúnmente en el abdomen por debajo de los escleritos abdominales, sosteniéndose de las membranas intersegmentarias usando sus patas y partes bucales. Ésta es la fase forética (del griego “fores”, cargar), en la cual el ácaro se alimenta de la hemolinfa de las abejas adultas a través de heridas producidas con su aparato bucal (Vandame, 2000).

El parásito se dispersa de una colmena a otra y de un apiario a otro utilizando las mismas abejas como vehículos de transporte, o los enjambres (silvestres o no) provenientes de otras colmenas próximas afectadas con Varroa. Puede ser transportada por zánganos infectados, que pueden provenir de colmenas situadas en un radio de 4 a 8 kilómetros, o bien por medio de operaciones de introducción de enjambres, crías o abejas que realice el apicultor, a partir de colmenas parasitadas (Llorente, 1990; Gómez, 1999).




La otra fase en el desarrollo del ácaro, es la fase reproductiva, que tiene lugar en las celdillas de las larvas de abejas próximas a ser operculadas, a las cuales hiere para alimentarse, estimulando con esto la postura de huevos del ácaro (SAG, 1994).

Existe una sincronización entre el ciclo de desarrollo del parásito con el ciclo de desarrollo de la abeja describiéndose un paralelo entre la fase reproductiva de Varroa y la cría operculada de la abeja, así como también entre la fase forética de Varroa destructor y el periodo de cría abierta de Apis mellifera (Vandame, 2000).

El ciclo de vida de Varroa se inicia cuando una hembra madre deja a la abeja adulta y penetra a una celda ocupada por una cría de obrera o zángano, próxima a ser operculada. La entrada a la celdilla de cría, debe ocurrir a una edad precisa de la larva, lo que constituye un momento crítico en la vida de Varroa. Entrar demasiado temprano significa para la futura fundadora un riesgo importante de ser detectada y retirada por las abejas, antes de ser operculada la celdilla. Entrar tarde no es posible, ya que la cría está operculada y herméticamente cerrada a toda entrada o salida del parásito (González, 2000).

Existe una preferencia del ácaro por parasitar celdillas de zángano, tanto es así que en épocas de producción de éstos, la infestación en celdillas de obrera baja a un tres por ciento, mientras que las de zángano se encuentran infestadas en un setenta e incluso en un cien por ciento. La razón de esta preferencia parece ser el tamaño de la celda de zángano, la que es más grande que la celda de obrera, por lo que la postura, por razones de espacio puede ser más abundante; por otra parte la temperatura de estas celdillas es menos elevada, ya que estas se encuentran en la periferia de los cuadros, lo que beneficia el mejor desarrollo del ácaro (Llorente, 1987).

Las fundadoras infestan la cría de obreras 15 horas antes de ser operculadas, e infestan a la cría de zángano 45 horas antes de la operculación. Estas edades corresponden a larvas que han alcanzado el quinto estadio de su desarrollo larval. Una vez que la celdilla es operculada, la cría se alimenta durante 36 horas y comienza a tejer su capullo. La primera vez que la larva se alimenta, induce a Varroa a salir de su fase inmóvil y subir sobre su cuerpo para alimentarse. A medida que la cría teje su capullo, la fundadora se desplaza rápidamente sobre la larva para evitar ser aplastada contra la pared de la celda, mientras comienza a alimentarse y a defecar. Después de haberse alimentado sobre la abeja, la Varroa fundadora pone 60 horas después de la operculación un máximo de 6 huevos, con un intervalo medio de 30 horas entre cada huevo (Vandame et al., 1998).

El primer huevo puesto por una hembra de Varroa fecundada da como resultado un macho con un tiempo de desarrollo de 6 a 7 días, el segundo y los siguientes huevos darán origen a hembras, siendo su tiempo de desarrollo de 7 a 8 días. A las 24 horas después de la postura, una larva de Varroa se hace evidente dentro del huevo, la que se transforma en protoninfa, luego en deutoninfa, y finalmente en adulto, todo esto en un tiempo promedio de 7 a 8 días. En el caso de que la postura se produzca en una celdilla de obrera, con un tiempo de desarrollo de 21 días, el macho logrará fecundar 2 hembras, quedando el resto de ellas vírgenes e inmaduras, siendo estas retiradas una vez que la joven abeja emerge de la celdilla. Si el parasitismo se produce en una celda de zángano, el que tiene un tiempo de desarrollo 3 días mayor que la obrera (24 días), el macho de Varroa logrará entonces fecundar a 4 hembras, por lo que una menor cantidad de ellas quedarán vírgenes (Weib, 1990).

Una vez que ocurre la eclosión desde la celdilla, la joven abeja ya tiene Varroas hembras fértiles sobre su cuerpo, no pudiéndose liberar de ellas, ya que éstas escapan a sus movimientos de cepillado (Llorente, 1987), y acompañarán a la abeja por unos 4 a 13 días, para luego dejarse caer nuevamente a celdas de cría a punto de ocluir y así reiniciar nuevas posturas (Bailey, 1984). Estas se realizan dentro de la misma colmena o en colmenas próximas, hacia donde son transportadas por las abejas o zánganos (Gómez, 1999).

El macho y las hembras inmaduras, sobrevivirán poco tiempo luego de la desoperculación de la celdilla, ya que carecen de un aparato bucal que les permita alimentarse de las abejas (Vandame, 1998). Los machos Llegan a vivir un período de 2 a 3 meses en verano, y 8 meses en invierno, una vez que se han apareado (Bailey, 1984).

Las hembras de Varroa tienen una preferencia muy clara por las abejas nodrizas, más susceptibles de acercarse a la cría, lo que ofrece más oportunidades a los ácaros para entrar en otras celdillas. Las demás Varroas, que infestan a las abejas pecoreadoras son las que constituyen el principal factor de diseminación de la especie (aprovechan el pillaje y la deriva para invadir nuevas colmenas). Es así como en un día de gran actividad, pueden llegar a la colmena hasta 70 nuevas Varroas (Contessi, 1990; Vandame et al., 1998).