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Las abejas al igual que el resto de los animales tienen ciertos requerimientos lipídicos en su dieta. El objeto de estos lípidos es ser utilizados para la síntesis de grasas de reserva, glucógeno y como parte estructural de las membranas celulares. Bajo condiciones normales éstos requerimientos de grasas son cubiertos por el consumo de polen, el cual tiene un contenido de lípidos bastante variable desde un 1% a un 20%, pero en promedio se encuentra presente en una concentración de 4-6%.



Como otros insectos las abejas también requieren la ingesta de esteroles para suplir las necesidades de crecimiento y reproducción. Uno de estos esteroles, el colesterol, es esencial para la abeja, lo que quiere decir que no es capaz de sintetizarlo al igual que ocurre con la mayoría de los insectos, por ende éste debe ser obtenido de la dieta para así mantener un correcto desarrollo. El colesterol se encuentra presente en la mayoría de los tipos de polen y puede ser incorporado a través de éste a las células de la abeja como componente estructural.

Como en los otros animales el colesterol es un precursor en la síntesis de hormonas muy importantes para la vida, como la hormona encargada de regular la metamorfosis en las abejas y otros insectos.

La utilización y el metabolismo de los esteroles es un punto crítico en la nutrición de la abeja melífera que no ha sido estudiado en profundidad, aunque se han demostrado ciertos beneficios de agregar colesterol a la dieta de las abejas, en relación a la crianza considerando el área de postura y la viabilidad de la cría.

Tal es la importancia de estos esteroles en la dieta de las abejas que ciertos esteroles presentes en los granos de polen, resultan atractivos para las abejas, pero de ha demostrado que la adición de esteroles a las dietas artificiales de las abejas no mejoran la atracción de estas hacia la abeja en comparación con aquella dietas libres de esteroles.

Otras de las sustancias químicas que se ha demostrado resultan atractivas para la abeja y que se encuentran presentes en el polen, incluyen algunos ácidos grasos y un pigmento llamado luteína. La adición de pólenes que contienen éstas sustancias o de los compuestos en sí a las dietas artificiales de las abejas, han resultado en un incremento significante del consumo de esas dietas por las abejas, mejorando de esta manera la palatabilidad.

Se ha intentado mejorar la palatabilidad de los sustitutos artificiales de polen para mejorar el consumo debido a que las abejas no se sienten muy atraídas hacia éstos. Algunas de las sustancias que son eficaces en mejorar dicho aspecto son el los aceites esenciales de anís, camonilla, hinojo, y esencia de miel artificial.

Vitaminas

Aún no se ha logrado establecer el rol específico que tienen las vitaminas en la nutrición de las abejas aunque es sabido que son esenciales para todos los organismos vivos. Las necesidades vitamínicas de las abejas son cubiertas en su totalidad por el polen que es rico en vitaminas hidrosolubles como complejo B, esencial para muchos de los insectos, además de inositol y ácido ascórbico.

Las vitaminas han demostrado no tener efecto significativo sobre la longevidad de las abejas pero si poseen efectos sobre el desarrollo de algunas glándulas muy importantes como es el caso de las glándulas hipofaríngeas. Las dietas carentes de tiamina y/o riviflavina tienen efectos negativos sobre el desarrollo de dichas glándulas en las abejas que recién emergen de sus celdillas.